
Gerson Frau
"Es una alegría y bendición poder trabajar en algo que creemos con todo nuestro corazón y que nos sigue brindando experiencias profundas y prácticas, motivándonos a seguir siendo útiles, a servir y a vivir una vida sencilla, feliz y en paz."
Mi primer contacto con el yoga fue durante el difícil proceso del divorcio de mis padres. Mi madre nos llevó a mis hermanos y a mí con mi tía Sonia, quien era maestra de yoga, para un trabajo terapéutico. Nunca nos dijeron que era yoga ni nos explicaron mucho al respecto. Recuerdo que mi primo y yo nos reíamos sin parar cuando mi tía entonaba el mantra OM y nos pedía repetirlo con ella. Nos decía que saliéramos de la sala y regresáramos solo después del OM. A pesar de las risas, las visualizaciones y meditaciones que nos guiaba mi tía tuvieron un gran impacto en nosotros y nos ayudaron mucho.
Con el paso de los años, dejé de practicar yoga hasta que tuve una crisis preadulta. No sabía si seguir en los negocios familiares, continuar la universidad o viajar por el mundo. Buscaba algo que ni yo mismo sabía qué era. Fue entonces cuando volvií a buscar a mi tía para practicar yoga, tratando de encontrar paz y calma en medio de tantos cambios y decisiones que sabía que podrían cambiar mi vida. Fueron años hermosos de práctica, y eso me dio la valentía para aventurarme a viajar por el mundo. Viajé y viví en varios países, siempre practicando de manera autodidacta, con los libros que mi tía me había regalado y el sencillo Hatha Yoga que me enseñó.
La vida me llevó a la Ciudad de México en 2003, donde conocí el Ashtanga Vinyasa Yoga con Amado Cavazos. En ese momento me fascinó por su vigor y disciplina, lo cual me ayudó mucho en mis 20s. En 2007, viajé a Nueva York y un amigo me llevó al Dharma Yoga Center, la escuela del maestro Dharma Mittra. Yo había ido a vivir a Nueva York con mi novia (hoy mi esposa), pero el trabajo no me fue bien, lo cual me permitió estar casi todo el día en la escuela de yoga, trabajando en Karma Yoga y tomando todas las clases que podía. Fue un tiempo muy especial; Dharma Mittra tenía 68 años y la escuela era pequeña. Éramos un grupo reducido de practicantes que teníamos la oportunidad de pasar muchas horas con un maestro tan especial. Fueron años intensos de aprendizaje.
Durante ese tiempo, tomé el primer curso "Teacher Training Life of a Yogi" con Dharma Mittra y otros maestros como Andrei Ram y Bernadette. A partir de ese momento, mi vida cambió por completo y comencé a compartir clases de yoga, primero en Nueva York y luego en los meses que pasaba en México. Amado Cavazos, aunque tenía una escuela tradicional de Ashtanga, me abrió las puertas para compartir en su shala durante mis estancias en México.
Poco después, recibí la invitación de Dharma para trabajar como mentor en su curso de formación de maestros "Life of a Yogi". Tuve la oportunidad de ser uno de sus mentores y de acompañar a Dharma en varios viajes por Estados Unidos y México, lo cual me brindó momentos íntimos de gran aprendizaje. En uno de esos cursos conocí a Adriana Cabrera, quien se convirtió en mi amiga y colaboradora.
Cuando estaba listo para trabajar a tiempo completo en Nueva York con Dharma, recibí la noticia de que la escuela ya no podía pagarme porque no tenía un 'social security'. Aunque me sentí triste, comprendí que ese ciclo había terminado y era momento de compartir mis propias enseñanzas. Hablé con Dharma, quien me dio su permiso y sus bendiciones para iniciar mi propio curso de formación de maestros. Sabía que necesitaba alguien que me ayudara a estructurar el proyecto, y pensé en Adriana Cabrera, quien había fundado Blanco Yoga en la Ciudad de México. Ella se entusiasmó con la idea y comenzamos a trabajar juntos.
En un viaje como asistente personal de Dharma, en un momento oportuno le mencioné mis intenciones de realizar un "teacher training" y él me dio su apoyo: "¿Quieres dirigir un teacher training? Bien, tienes mis bendiciones". Con esa motivación, Adriana y yo comenzamos a escribir el primer manual del Sadhaka Training, el cual nos llevó un año completar. Nuestra primera generación fue en 2017 o 2018, y desde entonces ha sido una gran aventura llena de aprendizaje.
Cada año, cada grupo, y cada momento que vivimos como maestros nos brinda la oportunidad de seguir aprendiendo del yoga, de Dharma Mittra, de Yogi Gupta (el maestro de Dharma Mittra) y de los sadhakas practicantes. Desarrollamos también el programa avanzado, el Sadhaka 300, para aquellos que ya completaron el primer entrenamiento o que quieren profundizar en las enseñanzas. Es una alegría y bendición poder trabajar en algo que creemos con todo nuestro corazón y que nos sigue brindando experiencias profundas y prácticas, motivándonos a seguir siendo útiles, a servir y a vivir una vida sencilla, feliz y en paz.
Gerson Frau.